Cuando vivimos en épocas de crisis como la actual, las decisiones de reducción de gastos se toman muchas veces atrás de un escritorio, sin tomar en cuenta las sugerencias de las personas que, día tras día, realizan el trabajo operativo y por ende, mejor la conocen.
La primera medida que se toma (y esto ya es un clásico!) es la reducción de las “3 C” (café, copias y cadete). Luego se sigue con otras medidas que ponen de malhumor al colaborador, ya que muchas veces entran en conflicto con la actividad diaria que debe desempeñar.
¿Qué lectura hace un Colaborador de la realidad de su empresa?
– que no se valora su opinión,
– que pueden perder su trabajo en cualquier momento,
– que no puede hablar por temor a quedar en “ridículo o malparado”.
En resumen: se siente desvalorado y con temor a todo lo que diga y haga, y al mismo tiempo, siente que no tiene las herramientas necesarias para poder cumplir con sus objetivos y los de la organización. Además ve que se sigue malgastando el dinero en otras cosas que no tienen ningún sentido.
Para esta problemática, hemos desarrollado en distintas empresas acciones de comunicación interna destinadas a mejorar la organización con los conocimientos que tienen los colaboradores sobre los procesos optimizando recursos y dinero.
El beneficio de realizar estas campañas es notable ya que el colaborador:
– sabe donde se malgasta el dinero,
– no solo se integra y acepta la reducción de costos sino que el mismo la desarrolla,
– es escuchado y valorado,
– se siente parte de las decisiones que realiza la empresa,
– encuentras soluciones impensadas o ahorros que hasta podrían ser descartados por consultores por parecer ridículos (en una compañía, una persona de administración se preguntó por qué se imprimía por cuatriplicado un proceso si podía enviar la copia para cada departamento involucrado por e-mail. De esta forma ahorro una cantidad increíble de espacio, tonner y resmas por año!)
– considera que la organización toma en cuenta al colaborador.
Más de una vez hemos preguntado a colaboradores: ¿por qué no han mencionado esto con anterioridad?, recibiendo como respuesta: “porque nunca me lo preguntaron”. El colaborador tiene el conocimiento pero tal vez no tiene la iniciativa de dar la solución, ya sea por temor, por sentirse excluido o simplemente porque “no se le ocurrió decirlo”.
Si bien muchas propuestas que hemos recibido a lo largo de estos años, el ahorro puede ser considerado menor (recordemos el refrán “si cuidas los centavos los pesos se cuidaran solos”), la suma de todas las ideas fue siempre mayor a las medidas de ahorro previstas con antelación por parte de las organización.
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