Vivimos una época en donde nos bombardean de información en forma constante. A la hora de comunicar o tratar de cambiar hábitos en los colaboradores, debemos planificar la comunicación para elegir la mejor opción.
En este sentido, es muy común que a la hora de decidir que herramienta/s usar, haya dudas con respecto al camino a utilizar, como también al canal de comunicación a elegir.
El primer reto que se nos plantea es si debemos utilizar una única comunicación o debemos edificar una campaña. Podemos ejemplificarlo de manera simple. ¿Si debemos comunicar a los colaboradores que van a recibir un aumento de sueldo tenemos que armar una campaña? La respuesta es más que obvia: la información por sí misma contiene tanto impacto que contarlo con un mail o con una reunión de la gerencia basta.
Ahora, si tenemos que cambiar hábitos de los colaboradores, no alcanza con una sola comunicación (aquí recordemos cuantas veces nos han repetido nuestros padres algo para que dejemos de hacerlo o para que lo hagamos de cierta forma). En este caso pensar estratégicamente qué vamos a comunicar, por qué medios y a qué público/s es esencial. Las herramientas son múltiples: dípticos, flyers, volantes, e-mails, posters, banners, charlas, entre otros. Y los canales también: Intranet, carteleras, lugares comunes (máquina de café, comedor, fotocopiadora…) impresos entregados en mano, house organ, etc.
Comunicar, por ejemplo, la importancia de cambiar nuestra forma de conducir un vehículo, o acelerar un proceso de producción requiere de creatividad y de comunicaciones sistemáticas en distintos medios y al mismo tiempo. Asimismo, los empleados requieren un feedback permanente para conocer los resultados en el transcurso de la campaña realizada.
Por todo esto, planificar al momento de decidir cómo encarar las comunicaciones nos permitirá conseguir resultados positivos y medibles en el tiempo.
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